Anoche leí “Bartleby, el escribiente” de Herman Melville, lo leí para mi ramo de “Literatura y Psicoanálisis” y me pareció un muy buen cuento, algo cómico y a la vez triste, con un protagonista que no deja de causar melaconlía y desconcierto.
Soy un hombre de cierta edad. En los últimos treinta años, mis actividades me han puesto en íntimo contacto con un gremio interesante y hasta singular, del cual, entiendo, nada se ha escrito hasta ahora: el de los amanuenses o copistas judiciales. He conocido a muchos, profesional y particularmente, y podría referir diversas historias que harían sonreír a los señores benévolos y llorar a las almas sentimentales. Pero a las biografías de todos los amanuenses prefiero algunos episodios de la vida de Bartleby, que era uno de ellos, el más extraño que yo he visto o de quien tenga noticia. De otros copistas yo podría escribir biografías completas; nada semejante puede hacerse con Bartleby. No hay material suficiente para una plena y satisfactoria biografía de este hombre. Es una pérdida irreparable para la literatura. Bartleby era uno de esos seres de quienes nada es indagable, salvo en las fuentes originales: en este caso, exiguas. De Bartleby no sé otra cosa que la que vieron mis asombrados ojos, salvo un nebuloso rumor que figurará en el epílogo.
Deleuze escribió un ensayo sobre este cuento que pueden encontrar en una complilacíon llamada “Crítica y clínica” donde salén hartos ensayos más.
y … con respecto al titulo es la frase predilecta de Bartleby … inglés, debo estudiar inglés, debo, porque no soy muy buena para eso … ni me gusta mucho XD




