Para literatura y psicoanálisis tuve que hacer un trabajo sobre “W o el recuerdo de la infancia” de George Perec. La verdad es que no me gusto para nada el libro, me pareció bastante aburrido, sin embargo, “trabajos son trabajos” y aunque me costó lo leí y bueno, hice lo más sencillo que se me ocurrió para no tener que volverlo a leer, lamentablemente olvidé un concepto que me hubiera ayudado mucho en una “encrucijada teórica” a la que llegué y me hizo precipitar un final no del todo bueno. Ese concepto olvidado es el de sublimación, concepto del que ya antes habia echo un trabajo sobre Da Vinci (lo que me hace más inexplicable este olvido). De todos modos me parece que quedó bastante bien, por eso lo comparto (no como el de Da Vinci que fue un fiasco XD ).
W: el recuerdo de la infancia
“W o el recuerdo de la infancia”: curioso titulo eligió Perec para la que podríamos llamar su pequeña autobiografìa, curioso digo por aquella conjunción: la “o”, que nos da la posibilidad de escoger entre dos posturas, la primera sería la de elegir entre “W” o bien “el recuerdo de la infancia” como alternativas, como cosas diferentes entre las cuales escoger. La segunda es la de leer el titulo como dos opciones para la misma cosa, aquí lo que se denota es equivalencia, es decir: a la misma cosa se le puede llamar “W” o bien “el recuerdo de la infancia”. Con esta última opción me quedo yo, la opción que me permite ubicar a “W”, ese relato escrito por Perec al rededor de los 13 años, como el recuerdo de infancia que viene a llenar esa frase con la que comienza su relato: “No tengo recuerdos de infancia”.
Antes que todo quisiera hacer una ubicación temporal del autor: George Perec nace en París y su infancia estuvo marcada por la ocupación nazi en Francia, su padre muere en la guerra y su madre es deportada y muere en un campo de concentración. Es precisamente aquí donde esa frase, que resulta ominosa, cobra sentido: “No tengo recuerdos de infancia” ¿será que le fue imposible vivir una infancia propia? Al parecer la respuesta es sí, y el mismo lo pone de manifiesto: “Estaba eximido: otra historia, la Grande, la Historia con su gran hache había respondido por mi: la guerra, los campos de concentración” (1). La Historia, con mayúscula, ocupó el lugar que debía tener la historia de su infancia.




