En invierno, cuando hace mucho frío y una está sepultada bajo la ropa de cama escuchando las amorosas palabras de su amante, es una delicia oir el sonoro gong del templo, que parece salir del fondo de un pozo. Los primeros cantos de las aves, que todavía ocultan sus cabezas bajo las alas, suenan extraños y en sordina. Luego los pájaros, uno tras otro, cantan respondiendose. Placentero es yacer oyendo el sonido que se hace cada vez más nítido.
Sei Shonagon
“El libro de la Almohada”
Quisiera que fuera invierno.
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