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Buenos Aires

Algunas semanitas atras me arranque con mi Pajarito a Buenos Aires, gracias a un regalo que sus padres le hicieron debido a su titulación, en donde obtubo la mejor de las notas … obviamente eso me dejo muy orgullosa, aunque siempre he estado orgullosa de él.

Los días en Buenos Aires fueron muy ricos, me gustó la ciudad, las librerías, el jardín japonés, la comida, la gente y el estar a solas con Eduardo, por varios días y sin ninguna otra preocupación … aunque cuando llegamos teníamos que ponernos al día con varías cosas pendientes 😛

Pero el semestre ya esta llegando a su fin, me falta una sola nota para pasar todos mis ramos, y en agosto empieza mi práctica, me pone nerviosa, nerviosa porque empiezo algo distinto, en un lugar distinto y  porque al finalizar se termina mi época de estudiante de psicología y me enfrento a algo que nunca me he enfrentado, por primera vez no tendré algo seguro a donde llegar al finalizar las vacaciones, me atemoriza no encontrar trabajo y sé que lo más probable es que términe encontrando justo en aquella área de mi carrera que menos me gusta, laboral, porque en laboral hay harto trabajo y en clínica cada vez es más escaso y mal remunerado. Mi esperanza es encontrar en lo jurídico que también me gusta y además pagan bien, pero eso es más dificil y dudo que se logre antes de hacer un postgrado (que me encantaría, pero estan bien caros) … bueno, supongo que hay que ir paso a paso, y por ahora enfocarme en hacer bien mi trabajo en la práctica y en la universidad, hasta que se acabe.

Dejo una fotito del jardín japonés, Buenos Aires:

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Nieve de Primavera

“Nieve de Primavera” es la novela que da comienzo a “El mar de la fertilidad,” tetralogía también compuesta por: “Caballos desbocados” “El Templo del Alba” y “La corrupción de un Ángel”. Este conjunto de cuatro libros es considerado el testamento literario de Yukio Mishima y una fuerte critica de su parte hacia un japón que a sus ojos decaía y perdía la pureza, dejando a un lado las costumbres que les eran propias y sobrevalorando las provenientes de occidente.

¡¡¡Seguir leyedo en Ficciones!!!.

Principios de la AMP

Hace mucho tiempo que no escribía, no tengo mucho tiempo la verdad, pronto me pondré al día con los comentarios que me han dejado y volveré a visitar blogs que me son interesante, como el de Aquileana y algunos más …

Compartiré con ustedes los principios rectores del acto analítico de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, ¡adiós!, hasta que me desocupe 😛

Primer principio: El psicoanálisis es una práctica de la palabra. Los dos participantes son el analista y el analizante, reunidos en presencia en la misma sesión psicoanalítica. El analizante habla de lo que le trae, su sufrimiento, su síntoma. Este síntoma está articulado a la materialidad del inconsciente; está hecho de cosas dichas al sujeto que le hicieron mal y de cosas imposibles de decir que le hacen sufrir. El analista puntúa los decires del analizante y le permite componer el tejido de su inconsciente. Los poderes del lenguaje y los efectos de verdad que este permite, lo que se llama la interpretación, constituyen el poder mismo del inconsciente. La interpretación se manifiesta tanto del lado del psicoanalizante como del lado del psicoanalista. Sin embargo, el uno y el otro no tienen la misma relación con el inconsciente pues uno ya hizo la experiencia hasta su término y el otro no.

Segundo principio: La sesión psicoanalítica es un lugar donde pueden aflojarse las identificaciones más estables, a las cuales el sujeto está fijado. El psicoanalista autoriza a tomar distancia de los hábitos, de las normas, de las reglas a las que el psicoanalizante se somete fuera de la sesión. Autoriza también un cuestionamiento radical de los fundamentos de la identidad de cada uno. Puede atemperar la radicalidad de este cuestionamiento teniendo en cuenta la particularidad clínica del sujeto que se dirige a él. No tiene en cuenta nada más. Esto es lo que define la particularidad del lugar del psicoanalista, aquel que sostiene el cuestionamiento, la abertura, el enigma, en el sujeto que viene a su encuentro. Por lo tanto, el psicoanalista no se identifica con ninguno de los roles que quiere hacerle jugar su interlocutor, ni a ningún magisterio o ideal presente en la civilización. En ese sentido, el analista es aquel que no es asignable a ningún lugar que no sea el de la pregunta sobre el deseo.

Tercer principio: El analizante se dirige al analista. Pone en el analista sentimientos, creencias, expectativas en respuesta a lo que él dice, y desea actuar sobre las creencias y expectativas que él mismo anticipa. El desciframiento del sentido no es lo único que está en juego en los intercambios entre analizante y analista. Está también el objetivo de aquel que habla. Se trata de recuperar junto a ese interlocutor algo perdido. Esta recuperación del objeto es la llave del mito freudiano de la pulsión. Es ella la que funda la transferencia que anuda a los dos participantes. La formula de Lacan según la cual el sujeto recibe del Otro su propio mensaje invertido incluye tanto el desciframiento como la voluntad de actuar sobre aquel a quien uno se dirige. En última instancia, cuando el analizante habla, quiere encontrar en el Otro, más allá del sentido de lo que dice, a la pareja de sus expectativas, de sus creencias y deseos. Su objetivo es encontrar a la pareja de su fantasma. El psicoanalista, aclarado por la experiencia analítica sobre la naturaleza de su propio fantasma, lo tiene en cuenta y se abstiene de actuar en nombre de ese fantasma.

Cuarto principio: El lazo de la transferencia supone un lugar, el “lugar del Otro”, como dice Lacan, que no está regulado por ningún otro particular. Este lugar es aquel donde el inconsciente puede manifestarse en el decir con la mayor libertad y, por lo tanto, donde aparecen los engaños y las dificultades. Es también el lugar donde las figuras de la pareja del fantasma pueden desplegarse por medio de los más complejos juegos de espejos. Por ello, la sesión analítica no soporta ni un tercero ni su mirada desde el exterior del proceso mismo que está en juego. El tercero queda reducido a ese lugar del Otro.
Este principio excluye, por lo tanto, la intervención de terceros autoritarios que quieran asignar un lugar a cada uno y un objetivo previamente establecido del tratamiento psicoanalítico. El tercero evaluador se inscribe en esta serie de los terceros, cuya autoridad sólo se afirma por fuera de lo que está en juego entre el analizante, el analista y el inconsciente.

Quinto principio: No existe una cura estándar ni un protocolo general que regiría la cura psicoanalítica. Freud tomó la metáfora del ajedrez para indicar que sólo había reglas o para el inicio o para el final de la partida. Ciertamente, después de Freud, los algoritmos que permiten formalizar el ajedrez han acrecentado su poder. Ligados al poder del cálculo del ordenador, ahora permiten a una máquina ganar a un jugador humano. Pero esto no cambia el hecho de que el psicoanálisis, al contrario que el ajedrez, no puede presentarse bajo la forma algorítmica. Esto lo vemos en Freud mismo que transmitió el psicoanálisis con la ayuda de casos particulares: El Hombre de las ratas, Dora, el pequeño Hans, etc. A partir del Hombre de los lobos, el relato de la cura entró en crisis. Freud ya no podía sostener en la unidad de un relato la complejidad de los procesos en juego. Lejos de poder reducirse a un protocolo técnico, la experiencia del psicoanálisis sólo tiene una regularidad, la de la originalidad del escenario en el cual se manifiesta la singularidad subjetiva. Por lo tanto, el psicoanálisis no es una técnica, sino un discurso que anima a cada uno a producir su singularidad, su excepción.

Sexto principio: La duración de la cura y el desarrollo de las sesiones no pueden ser estandarizadas. Las curas de Freud tuvieron duraciones muy variables. Hubo curas de sólo una sesión, como el psicoanálisis de Gustav Mahler. También hubo curas de cuatro meses como la del pequeño Hans o de un año como la del Hombre de las ratas y también de varios años como la del Hombre de los lobos. Después, la distancia y la diversificación no han cesado de aumentar. Además, la aplicación del psicoanálisis más allá de la consulta privada, en los dispositivos de atención, ha contribuido a la variedad en la duración de la cura psicoanalítica. La variedad de casos clínicos y de edades en las que el psicoanálisis ha sido aplicado permite considerar que ahora, en el mejor de los casos, la duración de la cura se define “a medida”. Una cura se prolonga hasta que el analizante esté lo suficientemente satisfecho de la experiencia que ha hecho como para dejar al analista. Lo que se persigue no es la aplicación de una norma sino al acuerdo del sujeto consigo mismo.

Séptimo principio: El psicoanálisis no puede determinar su objetivo y su fin en términos de adaptación de la singularidad del sujeto a normas, a reglas, a determinaciones estandarizadas de la realidad. El descubrimiento del psicoanálisis es, en primer lugar, el de la impotencia del sujeto para llegar a la plena satisfacción sexual. Esta impotencia es designada con el término de castración. Más allá de esto, el psicoanálisis con Lacan, formula la imposibilidad de que exista una norma de la relación entre los sexos. Si no hay satisfacción plena y si no existe una norma, le queda a cada uno inventar una solución particular que se apoya en su síntoma. La solución de cada uno puede ser más o menos típica, puede estar más o menos sostenida en la tradición y en las reglas comunes. Sin embargo, puede también remitir a la ruptura o a una cierta clandestinidad. Todo esto no quita que, en el fondo, la relación entre los sexos no tiene una solución que pueda ser “para todos”. En ese sentido, está marcada por el sello de lo incurable, y siempre se mostrará defectuosa.
El sexo, en el ser hablante, remite al “no todo”.

Octavo principio: La formación del psicoanalista no puede reducirse a las normas de formación de la universidad o a las de la evaluación de lo adquirido por la práctica. La formación analítica, desde que fue establecida como discurso, reposa en un trípode: seminarios de formación teórica (para-universitarios), la prosecución por el candidato psicoanalista de un psicoanálisis hasta el final (de ahí los efectos de formación), la transmisión pragmática de la práctica en las supervisiones (conversaciones entre pares sobre la práctica) Durante un tiempo, Freud creyó que era posible determinar una identidad del psicoanalista. El éxito mismo del psicoanálisis, su internacionalización, las múltiples generaciones que se han ido sucediendo desde hace un siglo, han mostrado que esa definición de una identidad del psicoanalista era una ilusión. La definición del psicoanalista incluye la variación de esta identidad. La definición es la variación misma. La definición del psicoanalista no es un ideal, incluye la historia misma del psicoanálisis y de lo que se ha llamado psicoanalista en distintos contextos de discurso.

La nominación del psicoanalista incluye componentes contradictorios. Hace falta una formación académica, universitaria o equivalente, que conlleva el cotejo general de los grados. Hace falta una experiencia clínica que se trasmite en su particularidad bajo el control de los pares. Hace falta la experiencia radicalmente singular de la cura. Los niveles de lo general, de lo particular y de lo singular son heterogéneos. La historia del movimiento psicoanalítico es la de las discordias y la de las interpretaciones de esa heterogeneidad. Forma parte, ella también, de la gran Conversación del psicoanálisis, que permite decir quién es psicoanalista. Este decir se efectúa en procedimientos que tienen lugar en esas comunidades que son las instituciones analíticas. El psicoanalista nunca está solo, sino que depende, como en el chiste, de un Otro que le reconozca. Este Otro no puede reducirse a un Otro normativizado, autoritario, reglamentario, estandarizado. El psicoanalista es aquel que afirma haber obtenido de la experiencia aquello que podía esperar de ella y, por lo tanto, afirma haber franqueado un “pase”, como lo nombró Lacan. El “pase” testimonia del franqueamiento de sus impases. La interlocución con la cual quiere obtener el acuerdo sobre ese atravesamiento, se hace en dispositivos institucionales. Más profundamente, ella se inscribe en la gran Conversación del psicoanálisis con la civilización. El psicoanalista no es autista. El psicoanalista no cesa de dirigirse al interlocutor benevolente, a la opinión ilustrada, a la que anhela conmover y tocar en favor de la causa analítica.

Me llegó el siguiente mail, quizá a más de alguna le interese.

¡MARTES 22 DE ABRIL!
PLAZA ITALIA
MARCHA NACIONAL
¡CHILE PROTESTA!

por el derecho a decidir …..
Luego de las múltiples protestas por su decisión, el Tribunal Constitucional ha señalado que ‘sólo’ prohibirá la distribución pública de la píldora del día después (PAE).

Quedan, al menos, dos temas pendientes:

• Jorge Reyes, quien patrocina el recurso al TC, señala que si se califica la PAE como abortiva, queda prohibida en todo el país.
• Aun cuando se restrinja la prohibición a los hospitales y consultorios, se trata de un fallo inaceptable: restringe el derecho a decidir a quienes tengan el dinero para comprar la PAE en farmacias.

¿Sabía usted que…
• Según los principales diarios y radios del país este Tribunal prohibirá la píldora del día después y la mayoría de los anticonceptivos (todos los que contienen Levonorgestrel, correspondientes a el 100% de los anticonceptivos hormonales orales que entrega el Ministerio de Salud, y el 40% de las píldoras que se compran en farmacias).
• Esto afectará a más de 2.000.000 mujeres que usan métodos anticonceptivos porque no quieren embarazarse o desean posponerlo.
• Que el Tribunal Constitucional está decidiendo cuestiones morales que le corresponden a cada persona
• Esta resolución muestra el poder de una minoría que quiere decidir por todos.

Sería perder el derecho a decidir cuando procrear.
Sería un inaceptable atropello a la libertad.

Es hora de decir basta:
Paremos todo Chile
SABEMOS QUE EN CHILE EL QUE NO PATALEA NO TIENE DERECHOS.
¡¡¡Que cada villa, población, oficina, fábrica, escuela, calle, plaza, universidad se haga presente!!!

En uno de los ramos de la universidad estamos leyendo “Tiempo de una tesis: puntuaciones” de Derrida, en este corto texto él se pregunta si es que hay un tiempo para hacer una tesis y si hay coincidencia entre el tiempo que instala la universidad con respecto a sus estudiantes y el tiempo particular de cada uno. La primera tesis que inscribió Derrida se titulaba “La idealidad del objeto literario”, la inscribió cuando, en su decir “era apenas una decisión”. ¿Por qué este intentó fracaso? ¿Por qué Derrida nunca pudo realizar su tesis doctoral?. Hoy en la clase una compañera dijo: “quizá no estaba preparado”, pero si Derrida, que es uno de los más grandes filósofos que pasó por la École Normale no estaba preparado, eso quiere decir que nunca nadie lo estuvo. Derrida y Foucault, los dos más grandes e importantes filósofos que pasaron por la École Normale tuvieron sus dificultades con las tesis doctorales; uno nunca la pudo realizar y el otro, en su primer intento, fue reprobado.

_Habría que ser poeta para leer tu tesis

_Un poeta como usted

(Pierre Menard es el autor del Quijote)

Freud en el diván

“Sigmund Freud en el diván” se titula la exposición que se inaugura el martes en las dependencias de la Clínica Las Condes. La afamada muestra que trae la clínica, en conjunto con la Embajada de Austria, reúne los mejores chistes publicados en la revista “The New Yorker”.

No me gusta el psicoanálisis estadounidense, pero los chistes están bien divertidos. Más información en: Artes y letras del mercurio